La respuesta corta es no, en realidad no. La respuesta un poco más larga es que, aunque la placa base no afecta directamente al rendimiento en los videojuegos, es un componente tan fundamental de cualquier sistema que influye en tu configuración de muchas maneras, algunas de las cuales podrían acabar afectando al rendimiento de tu sistema en los juegos. Así que, indirectamente, sí que puede. Sin embargo, antes de entrar en detalles, conviene explicar qué hace realmente una placa base y qué aspectos debes tener en cuenta antes de comprar una.
La placa base es la base de tu equipo. Determina las capacidades de tu máquina y es responsable de todo, desde el subsistema de audio hasta el número de puertos USB de que dispones, pasando por la generación de PCI Express (PCIe) a la que tienes acceso. Te recomendamos que, siempre que sea posible, elijas una placa base compatible con las últimas tecnologías, simplemente porque así tu sistema tendrá más posibilidades de actualizarse en el futuro; no obstante, cualquier placa base razonablemente actual debería funcionar bien.
Lo más importante que determina la elección de la placa base es qué procesador puedes utilizar en tu equipo. En la práctica, la mayoría de los usuarios que montan sus propios ordenadores eligen primero el procesador que desean y luego seleccionan una placa base compatible. Sin embargo, eso no significa que la elección de la placa base no sea importante. Para un chipset determinado, puede haber cientos de opciones de distintos fabricantes, que abarcan una gama de precios abrumadora.
En definitiva, eso es lo que determina la elección de cualquier placa base: ¿cuánto estás dispuesto a gastarte? Y, a la hora de montar un ordenador para juegos, qué características son las más importantes.
Dado que hemos empezado este artículo diciendo que la placa base que elijas no influirá en el rendimiento de los videojuegos, ¿por qué nos preguntamos ahora qué características son importantes? Porque, si tu prioridad son los videojuegos, querrás asegurarte de que tu placa base permita que los componentes que sí afectan a la velocidad de fotogramas rindan al máximo. Hay muchas características que debes tener en cuenta, pero hay tres subsistemas que son los más importantes: la tarjeta gráfica, el procesador y la memoria. El almacenamiento y el audio también merecen ser considerados, pero no influirán en tus velocidades de fotogramas de la misma manera que lo hacen los tres primeros.
Tu tarjeta gráfica es lo que más influirá en tu velocidad de fotogramas. En pocas palabras, cuanto más inviertas en tu GPU, más fluida será probablemente tu experiencia de juego. En cuanto a la placa base, te conviene que sea compatible como mínimo con PCIe 4.0, aunque sería ideal que lo fuera con PCIe 5.0. Las tarjetas gráficas actuales no llegan ni de lejos a saturar el ancho de banda de PCIe 4.0, lo que significa que no hay ningún beneficio tangible al usar PCIe 5.0 en escenarios de juego reales, al menos por ahora. Y por si te lo estás preguntando, PCIe es compatible con versiones anteriores, por lo que una tarjeta gráfica PCIe 5.0 funcionará perfectamente en una ranura PCIe 4.0.
Los dos siguientes componentes a tener en cuenta son igual de importantes entre sí: la CPU y la RAM. Ambos están estrechamente relacionados en lo que respecta a los videojuegos, ya que cuando el rendimiento se ve limitado por la CPU, el rendimiento de la memoria cobra mayor importancia. En este caso, lo fundamental es buscar una placa base con una configuración adecuada del módulo regulador de voltaje (VRM), que garantice que la CPU reciba una alimentación limpia y estable. También vale la pena comprobar que el kit de memoria que hayas elegido aparezca en la lista QVL de la placa base. La memoria sí influye en el rendimiento, por lo que merece la pena asegurarse de contar con un buen kit de RAM a la hora de presupuestar tu montaje. Del mismo modo, conviene hacerse con un buen refrigerador AIO para la CPU para asegurarte de sacarle el máximo partido a tu CPU.
El overclocking es una de las principales formas en que los fabricantes diferencian sus placas base, sobre todo en la gama media-alta. En el pasado, los ordenadores para juegos solían tener un cuello de botella en la CPU, y el overclocking podía aportar mejoras notables en el rendimiento de los juegos. Hoy en día eso es mucho menos habitual, y el overclocking manual de la CPU suele tener un impacto mucho menor en la velocidad de fotogramas de los juegos modernos. Hay excepciones, pero, como se ha mencionado anteriormente, la GPU casi siempre desempeñará un papel más importante que la CPU.
Entonces, ¿deberías descartar por completo el overclocking? No del todo. Una placa base capaz de overclocking suele contar con un diseño de VRM más robusto, lo cual, como ya se ha comentado, es importante para la estabilidad general de la CPU. Una vez más, se trata de encontrar el equilibrio entre prestaciones y coste. No necesitas una placa base centrada en el overclocking extremo que se lleve una gran parte de tu presupuesto, pero tampoco deberías optar por las opciones más baratas, que podrían tener dificultades para suministrar energía de forma constante a tu CPU.
Busca una placa base que se ajuste a tu presupuesto y que, a la vez, sea compatible con el hardware y las tecnologías más recientes siempre que sea posible. Asegúrate de que sea compatible con el procesador que hayas elegido y de que cuente con una configuración VRM fiable para suministrar la potencia que necesita tu CPU. En este sentido, puede resultar especialmente útil consultar las opiniones de otros usuarios.
Te recomendamos que elijas una placa base compatible con DDR5, ya que ofrece una buena capacidad de actualización y mayor durabilidad. El PCIe 4.0 debería considerarse el mínimo imprescindible, mientras que el PCIe 5.0 es un plus, sobre todo para los SSD, aunque no es esencial si tu principal interés son los videojuegos. Asegúrate de que tienes suficientes puertos USB, Wi-Fi si lo necesitas y, además, un subsistema de audio que no haga que tus oídos te odien.
Si encuentras una placa base que cumpla esos requisitos sin salirse de tu presupuesto, estarás en una buena posición. También vale la pena comparar modelos similares para ver qué te aportan, en términos de prestaciones básicas, gastar un poco más o un poco menos. Utiliza herramientas de comparación, si están disponibles, para identificar claramente esas diferencias y entender por qué estás pagando. Céntrate en lo esencial y será difícil equivocarte.
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